Campamentos Antárticos
Supervivencia y seguridad en campaña



La seguridad es primordial en campaña, por lo que siempre se evita la instalación de campamentos sobre el mar congelado, dado que existe el peligro siempre latente de la rotura y fragmentación del hielo marino, y el consecuente desplazamiento de los bandejones de hielo marino a la deriva empujados por el viento. Salir navegando sobre un témpano en medio de un vendaval implica correr riesgo de muerte segura.

El perfeccionamiento de los pronósticos meteorológicos y los adelantos en las comunicaciones permiten planificar el desarrollo de las actividades de campo con un amplio margen de seguridad, aunque siempre existe cierto grado de incertidumbre en las predicciones meteorológicas. Es aquí donde la experiencia del investigador científico en campamento resulta fundamental, pasando el pronostico a tomar un carácter orientativo. Esto le añade un condimento particular a las campañas, especialmente durante los largos desplazamientos en motos de nieve y botes neumáticos, necesarios para desarrollar las actividades científicas en el terreno.

Excepto en el caso de grave emergencia meteorológica, la elección del sitio donde se instala un campamento está relacionado principalmente a las facilidades de acceso al área de trabajo, pero también resulta importante la disponibilidad de agua apta para consumo humano, ya sea en forma líquida en verano o bien hielo y nieve, más abundantes en invierno.

FOTO
(64 K)

Obteniendo agua de una laguna congelada durante el verano

Si el área de trabajo está ubicada cerca de los flancos de la península Antártica o al pié de cadenas montañosas, un factor que suele incidir en la elección del sitio para acampar son los fuertes vientos catabáticos que se abaten desde las alturas donde el aire se enfría mucho más que a nivel del mar. Se trata de evitar las desembocaduras de valles empinados y glaciares de descarga, por donde se derraman estos fortísimos vientos de alta velocidad, los cuales llegan a superar los 200 km/h. Sólo en contadas oportunidades los investigadores se arriesgan a entrar voluntariamente dentro de uno de estos "chorros de viento" que arrastran toneladas de nieve y fragmentos de hielo a altísimas velocidades a través de corredores bien delimitados, fuera de los cuales puede haber sólo una suave brisa.

Cuando los desplazamientos se realizan con vehículos livianos (motos de nieve, botes neumáticos) resulta fundamental asegurarlos contra los fuertes vientos al finalizar las tareas diarias. Para esto se procede a cubrirlos y/o estaquearlos firmemente al piso (suelo, playa, nieve, hielo), empleando diversos elementos (lonas, sogas, clavos para hielo, grandes estacas), siempre orientándolos enfrentando al viento. Estas tareas consumen diariamente una cantidad de tiempo y energía que se tiene muy en cuenta en la programación del trabajo, procurando asegurar los vehículos antes de que el vendaval se desate en toda su plenitud.

FOTO
(73 K)

Al finalizar la jornada, se deben cubrir las motos de nieve
para protegerlas de los fuertes vientos

Contrario a lo que pudiera pensarse, el principal problema en los campamentos no es el fuego, como potencial generador de incendios, sino el viento.

Frecuentemente, el viento es realmente muy fuerte en la Antártida y hace descender mucho la temperatura de las partes del cuerpo expuestas, desprovistas de abrigo. La vida en carpa y el trabajo a la intemperie en Antártida exponen a los participantes de los campamentos a las mayores inclemencias meteorológicas de la Tierra.

Las personas que desarrollan sus tareas en campamentos permanecen durante largos periodos del día trabajando a la intemperie. Durante los mismos pueden, dependiendo del caso, padecer sensaciones térmicas más rigurosas a las reinantes debido a la utilización de vehículos ligeros como motos de nieve y botes neumáticos.

Es por esto que la exposición al frío merece un párrafo aparte. El primer síntoma que advierte de su peligro a quienes trabajan a la intemperie es el dolor experimentado en las extremidades, aunque el aspecto más importante que constituye una grave amenaza para la supervivencia es el descenso de la temperatura interna corporal. La disminución por debajo de 36° C disminuye la capacidad mental, la capacidad de tomar decisiones y llega hasta la pérdida de la conciencia. De continuar la exposición se experimentan manifestaciones clínicas progresivas:

Los accidentes se producen generalmente por la disminución de la destreza ó la capacidad intelectual, si no se observan las medidas preventivas o correctoras en el caso de comenzar a sufrir trastornos por la exposición no controlada al frío.

Dentro de las medidas preventivas que se utilizan para evitar las consecuencias de la exposición al frío o el frío intenso, podemos mencionar las siguientes:

Si estas medidas no son suficientes, se recurre a la modificación de los ciclos de trabajo estableciendo pautas de trabajo-calentamiento y la toma de medidas de protección colectivas.

En el caso de las medidas correctivas, éstas no solo deben ser observadas para corregir eventos sufridos por el propio individuo (auto-control) sino también para detectar situaciones que involucren la necesidad de asistencia a los demás integrantes del grupo:

Es por estas y otras eventualidades que cada campamento cuenta con un botiquín de primeros auxilios acompañado por un manual que ayuda a sus integrantes a desenvolverse en situaciones donde la contingencia así lo requiere. Actualmente, los integrantes de estos grupos de investigación deben aprobar un curso de primeros auxilios dictado por la Dirección Nacional del Antártico.

Sin el uso de estas medidas, el personal en campamentos esta expuesto desde una simple lesión a quemaduras por exposición al frío, lesiones en los ojos y piel causadas por la exposición directa a la luz solar ó por refracción en el hielo ó nieve, fracturas por contractura debido al enfriamiento o rotura de las fibras musculares, intoxicaciones por salpicaduras de combustibles sobre el cuerpo ú ojos y hasta lesiones más graves que le puedan causar la muerte.



Volver...