En los campamentos científicos, el día comienza en el interior de las robustas carpas piramidales de doble pared de lona, donde durante la noche los científicos y su grupo de colaboradores deben acostarse dentro de gruesas bolsas de dormir y sobre colchonetas inflables, las cuales suelen ser instaladas sobre catres de tipo "tijera" de dudosa estabilidad para los más robustos, quienes deben hacerlo sobre cajones de víveres vacíos o directamente sobre el piso helado.
La calefacción e iluminación dentro de las carpas se logra con pequeños faroles y calentadores de kerosene, los cuales permanecen encendidos sólo cuando se cocina o al acostarse y levantarse los ocupantes de la carpa. Aunque brindan eficaz protección contra el viento, las carpas representan una aislación térmica hasta cierto punto, porque al apagarse el calentador y/o el farol, la temperatura interna se nivela rápidamente con la temperatura del exterior. Cuando ésta se hace insoportablemente baja es necesario meterse rápidamente dentro de la bolsa de dormir, cerrar el cierre hasta los ojos, y permanecer en ella hasta que llegue la hora de levantarse.
Después de lograr desprenderse de la inefable tibieza de la bolsa de dormir, y luego de abrigarse convenientemente, la higiene bucal y personal "liviana" (por ejemplo el lavado de manos y "salpicado" de cara) suele realizarse al aire libre. Las demás necesidades fisiológicas, mayores y menores, se realizan dentro de la pequeña carpa "baño", la cual suele hallarse completamente atestada de nieve después de cada tormenta. No resulta nada agradable hallar la carpa baño en estas condiciones ante la existencia de una emergencia estomacal. Esto obliga a tener siempre una buena y querida pala a mano para sacar la nieve, hacer lugar y poder acceder rápidamente al interior de la carpa baño.
Las deposiciones se envasan en bolsas de material plástico que se congelan naturalmente y se conservan dentro de tambores, los cuales son transportados luego hasta los sitios de concentración y evacuación final, igual que la basura y demás desechos producidos durante la campaña.
En el campamento, todos los desperdicios son cuidadosamente clasificados y envasados por separado en tambores, de acuerdo con las normas vigentes, evitando que el viento los desparrame.
El desayuno, consistente de mate, mate-cocido, café o té, con o sin leche, se consume siempre ávidamente en la carpa estructural denominada "carpa laboratorio" (multi-uso). Esta puede ser acondicionada como sala de trabajo, cocina, comedor o sala de estar, incluyendo el rudimentario mobiliario un par de funcionales cajones de víveres vacíos como mesa y otros como endebles butacas apiñadas directamente contra las paredes de lona, sobre el piso helado.
Humeantes calentadores de kerosene se utilizan generalmente para cocinar. Los enseres y utensilios de cocina suelen incluir un pequeño hornillo cilíndrico para preparar delicioso pan caliente (siempre que el tiempo y las energías lo permitan), carne y pollo.
En los campamentos científicos móviles, escasamente hay un par de litros de kerosene por día para cada integrante del grupo. A pesar de la exigua cantidad de kerosene, las reiteradas exposiciones al humo de los calentadores logran impregnar la ropa, cabellos y barbas, hasta el punto de disimular los aromas corporales propios de semanas sin un buen baño, provocando aún malhumoradas expresiones de disgusto olfativo a las mujeres de los campamentistas cuando pretenden lavar las mudas de ropa después del regreso a casa.
Durante la temporada invernal en los campamentos móviles, la dura tarea de reiniciar la marcha incluye palear nieve para desenterrar carpas, motos y trineos. Esta tarea suele insumir no menos de un par de horas además de otro tanto para desmontar el campamento, limpiar de nieve y guardar todos los elementos que serán vueltos a usar en la próxima etapa, completar combustible a las motos de nieve, y atar ("bragar") la carga de cada trineo. Después de un par de horas de intensa labor y abundante sudor, todo está listo para iniciar la marcha. Una nueva jornada puede comprender muchas decenas y aún centenas de kilómetros hasta el sitio de otro campamento, donde la historia interminable recomienza.