Vivir y Trabajar

Vivir y Trabajar

La Antártida es el último continente alcanzado por los seres humanos y, a diferencia del Ártico, carece de habitantes autóctonos. Su población se renueva periódicamente y se concentra, sobre todo, en las bases. Está integrada por científicos y técnicos que realizan tareas de investigación y por personal que desarrolla labores logísticas, y es mucho más numerosa en verano, época en la que tienen lugar la mayoría de las campañas científicas. Cada día vivido en la Antártida resulta un desafío, debido a las condiciones propias de un medio tan inhóspito. Además del trabajo específico de cada uno, todos deben cumplir tareas comunitarias que contribuyen a la supervivencia y bienestar del grupo, como colaborar en la limpieza, la obtención de agua, el tratamiento de residuos, etcétera.

¿Cómo se vive en la Antártida?

El clima frío obliga a aumentar al doble la ingesta de calorías (3500 diarias), especialmente si se realizan trabajos a la intemperie. En cada base la dieta está determinada por las costumbres del país de origen y por los alimentos disponibles.

En general, es abundante y variada, aunque escasa en alimentos frescos (frutas y verduras).

La alimentación en bases permanentes y en buques es bastante similar y depende de la habilidad del cocinero para conjugar las calorías necesarias, el buen sabor y la variación en los distintos platos. En los campamentos, la vida al aire libre exige una ingesta calórica todavía mayor. Suele consistir en un desayuno fuerte antes de salir a trabajar, alimentos ligeros y bebida caliente en el terreno, y una cena abundante al regresar. La lista de los alimentos disponibles incluye: carnes blancas y rojas, legumbres, verduras enlatadas y frescas, como patatas, cebollas, etcétera. También se dispone de lácteos y fiambres. Para cocinar se cuenta con combustible líquido o gaseoso, y cocina portátil. Para conservar los alimentos se dejan en el exterior, aunque a resguardo de las aves. Conseguir agua puede obligar a fundir hielo o nieve, pero en ciertas zonas y en verano es posible obtenerla en estado líquido en pequeñas corrientes o lagunas.

Las rigurosas características climáticas de la Antártida obligan a las personas a residir en ambientes especialmente protegidos, que suelen ser bases o refugios. Las bases permanentes son aquellas que se encuentran habitadas y operativas durante todo el año, aunque en invierno solo permanece una dotación mínima que se ocupa de su mantenimiento y del registro de datos. Un caso particular es el de las bases Esperanza, de Argentina, y Frey, de Chile, donde habitan familias completas. Las bases temporales están activas únicamente los meses de verano. Los refugios son alojamientos de dimensiones y comodidades reducidas, que se utilizan para apoyar los trabajos de campo en zonas de interés alejadas de las bases. Hay refugios dispersos en diversos lugares del territorio antártico, a los que proveen de alimentos, combustible y prendas de abrigo las bases próximas. No existe un tipo estándar de refugio, los más antiguos eran fijos y de madera, los actuales pueden ser contenedores acondicionados de forma especial o estructuras de fibra de vidrio, más fáciles de transportar.

Uno de los refugios más antiguos y famosos de la Antártida es una pequeña casa prefabricada de madera denominada Museo Casa Suecia, ubicada en la isla Cerro Nevado (Snow Hill), que fue construida y utilizada por la expedición científica sueca de Nordenskjöld durante las invernadas de los años 1902 y 1903.

La Antártida es el último continente en haber sido alcanzado por los seres humanos y, a diferencia del Ártico , carece de habitantes autóctonos.

El éxito de una expedición antártica depende en gran medida de su logística, que abarca facetas como transporte, comunicaciones y seguridad del personal. Es necesario planificar las tareas por realizar y disponer de información sobre los sitios de trabajo, sus riesgos y condiciones ambientales. Se trata de una logística muy especializada, que requiere personal muy bien formado y que supone un coste elevado. Las conexiones por radio y satelitales desde la Antártida ya forman parte de las actividades de rutina. La llegada de Internet y de la telefonía móvil y satelital han facilitado y agilizado aún más las comunicaciones con la Antártida. Además de contribuir a la seguridad, hoy es común la transmisión en tiempo real de datos obtenidos in situ por instrumentos, estaciones automáticas o cámaras web.

A la Antártida se puede llegar en avión o en buque, normalmente de gran porte y que concentran el transporte de carga y persona. El viaje en buque implica navegar por los océanos más fríos y peligrosos del planeta. La presencia de témpanos obliga a las embarcaciones a contar con un casco reforzado. Los rompehielos pueden trasladarse a través del mar congelado con relativa facilidad y tienen, además, radares que detectan los témpanos y reciben pronósticos meteorológicos actualizados de las bases.

La actividad logística se incrementa mucho durante el verano, cuando los buques llegan a las bases para renovar su personal y reabastecerlas con alimentos, combustible y equipos, y trasladar a los científicos que desarrollarán sus proyectos de investigación.

El estricto cumplimiento de las normas de seguridad permite prevenir los accidentes y, aunque lamentablemente han ocurrido, el espíritu de cooperación que existe entre los distintos países que trabajan en Antártida ha permitido salvar muchas vidas.

Para ahorrar tiempo y dinero, los países más australes ubican sus centros logísticos lo más cerca posible de la Antártida, por ejemplo, Argentina en Ushuaia, Australia en Hobart, Chile en Punta Arenas, Nueva Zelanda en Christchurch o Sudáfrica en Ciudad del Cabo.

Mediante el uso de aeronaves, es posible viajar desde estos puntos de acceso hasta las scasas pistas de aterrizaje que existen en la Antártida. Para reducir costes, otros países del hemisferio norte y el turismo en general utilizan también las mencionadas vías de acceso.

La mayor parte del turismo antártico se realiza en barcos grandes, con numerosas comodidades, y proviene de los países más desarrollados. Los sitios más visitados se encuentran en el norte de la península Antártica, en parte por sus paisajes y diversidad de fauna y, también, por su cercanía a América del Sur. La isla Decepción, por sus excepcionales valores históricos y naturales, es uno de los lugares más frecuentados. En cuanto al turismo de aventura, es común la presencia de pequeños aviones y barcos, que trasladan a personas para realizar travesías con esquís o ascensiones a montañas. El significativo aumento del turismo en los últimos años está generando la necesidad de seguir desarrollando la normativa que lo regula, con el objeto de asegurar la preservación del ambiente y velar por la seguridad de los visitantes.

A la Antártida se puede llegar en avión o en buque, normalmente de gran porte y que concentran el transporte de carga y personal. El viaje en buque implica navegar por los océanos más fríos y peligrosos del planeta.

El combustible de origen fósil es la principal fuente de energía en las bases, aunque en muchas de ellas, así como en estaciones de medida, se utilizan paneles solares y generadores eólicos. Es un importante desafío desarrollar el uso de nuevas fuentes de energía que sean más limpias y eficientes. Tal exigencia es máxima en la Antártida, ya que se trata de conservar el medio ambiente de la manera más impoluta posible y, al mismo tiempo, de suplir las demandas de energía que plantea un medio tan distante y frío.